Entradas sin salida. Jaulas llenas de barrotes en las que no pasa el aire. La noche muestra aquello que el día esconde, y ante la soledad de vuestas calles, decretáis un estado de sitio para proteger aquello que habéis creado: una fortaleza inexpugnable...
Y reís ante la victoria conseguida. Yo, mientras tanto, me estremezco por haberme dado a conocer. Nadie quiere conocer su verdad de los labios de otro. Hay mentiras de una calidad... superma. Lloraré entre sonrisas forzadas.
Dormiré por el efecto de ese café cargado que he preparado con los granos molidos de mi desdicha. Ojalá la lluvia limpiara esta noble y sucia sensación del guerrero vencido, apaleado, y sacara a relucir, de nuevo, esa armadura de madera de roble.
Es así, y así permanecerá, contemplando ese olvido despertado por aquello que un día preguntaron antes de estar preparados para la respuesta...